Una roca, solo una. Así hablan de Sirigiya. Un antiquísimo refugio de monjes hace mas de dos mil años. En la cima, un sofisticado complejo con todo lo necesario para vivir y meditar, de manera que me imagino, una vez arriba, bajar sea una excepción.
Subir no es fácil, se atraviesan angostas y empinadas pasarelas, con pinturas rupestres en el camino además de ir protegido de unas poco amistosas avispas con un grueso mameluco.